Espíritu Envolvente


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FUNDAMENTOS DE LA METAFÍSICA
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Mayo 2013

 

Novedades


 


Entrevista a Rubén Cedeño en Poder Ciudadano. Azul . Radio de Uruguay.



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Entrevista radial en Perú a Rubén Cedeño, Sebastián Wernicke, Fernando Candiotto y Mauro Vitali
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Partituras de Rubén Cedeño disponibles en formato digital

Tres claves del karma
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Novedades Editoriales


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Novedades


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Audio Entrevista a Rubén Cedeño en FM Dakota- BSAS. 13/09/012

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Rubén Cedeño

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Conferencias

 

PUENTE DE LOS ESPÁRRAGOS SAN JUA

 

PUENTE DE LOS ESPÁRRAGOS SAN JUAN DE LA CRUZ
Rubén Cedeño
 



 



      Domingo 2 de Setiembre del 2012

    
Venía San Juan de la Cruz muy enfermo, cansado y hambriento, camino a Úbeda, montado en su jumentillo, mientras dos frailes lo acompañaban a pie. El santo premonitoriamente había escogido Úbeda como su última morada antes de despedirse definitivamente en tránsito a los cielos.

     Los monjes pusieron a San Juan de la Cruz a descansar debajo del puente de cinco arcos que atraviesa el río Guadalimar, que hoy en día es un pantano con aguas de riego. El Santo tenía hambre y los monjes le preguntaron: “¿Qué quiere?”, y San Juan de la Cruz les dijo: “Espárragos”, no pidió manjares exquisitos, sino unas humildes legumbres, sin condimentos ni cocción. En aquella inusitada soledad, los ojos lánguidos y perdidos de los monjes miraron inútilmente y por supuesto no hallaron nada de comer, mucho menos espárragos. Se cruzaron de brazos sin respuesta ante la demanda de aquel que se les iba definitivamente a los aposentos del Señor.

     De repente como por arte de magia, allí, en una piedra cualquiera del camino, como un altar con su ofrenda ante Dios, encontraron un maso de espárragos trigueros. No se sabe puestos allí por quién, si por la Voluntad de Dios, precipitados de la “Divina Sustancia Universal” o por el poder prodigioso del santo. San Juan los tomó, dio gracias a Dios por ellos y para no caer en el supuesto pecado de un robo, dejó sobre la piedra unos cuatro maravedíes que tenía en el bolsillo.



 

Espárragos de San Juan de la Cruz por Paco Tico



     Todavía es trabajoso llegarse hasta ese inhóspito paraje de la escena de los espárragos. Pero como es uno de mis lugares favoritos no escatimo dificultades en llegarme hasta él cada vez que la cercanía me lo permite.

     Entre Úbeda y Las Carolinas se toma una vieja carretera interrumpida por el pantano, en donde hasta cierta distancia se puede llegar con el coche. Luego después de caminar un trecho, llevando sobre la cabeza el inclemente sol andaluz, que quema en todas las épocas del año, se accede a su cercanía.

     Allí no hay que hacer mucho esfuerzo por sentir el poder mágico de la precipitación del Santo de las Poesías, como si fuera mago de los humildes y desposeídos, precipitando espárragos trigueros, pudiendo traer a la manifestación fortunas; pero tal era su humildad, que con tan poca cosa se conformaba.

     En una pena, que ahora el río es un pantano, y el puente se la pasa hundido en la soledad y misterio de las profundidades de la ciénaga casi todo el año, dejando apenas ver su parte más alta. Pero qué fortuna a la vez, que se deje ver aunque sea poco, para rememorar una de las escenas más lindas de la sencillez de vida que llevaba este santo de la humildad extrema.

     En el verano del año 2012 se secó tanto el pantano que pude ver totalmente el puente y no solamente eso, sino que pude atravesarlo y reposar en meditación bajo uno de sus arcos donde la brisa caliente se refrescaba súbitamente al pasar entre sus sombras, donde el silencio permanece imperturbable al bullicio de las ciudades y la algarabía de la gente. ¡Dios mío! qué mudez! qué frescor! abanicando el alma. Era para quedarse y trascender, pero el futuro crecer de las aguas no permite ni soñarlo. Solo el canto del débil curso del riachuelo acompasaba la sutil melodía de la brisa que no dejaba de abanicar con sus encantos.

 



 

Rubén Cedeño en el Puente de los espárragos



     Las arenas ocres del pantano han dado un hermoso color uniforme al puente, haciéndolo más estético, y si se quiere, limpio, imponente y misterioso. La energía del lugar y su silencio resguardado bajo los meses del obligado sumergir bajo las aguas, hace que se haya podido resguardar para poder percibir la mística que el lugar inevitablemente evoca.

     Después de estar allí la primera vez, se me olvidó para siempre el sabor de los espárragos blancos, ya casi ni me gustan, porque siempre que puedo, solo degusto los verdes espárragos trigueros en honor y memoria a San Juan de la Cruz, casi que son exclusivas hostias con las que comulgo con él, rememorando ese lindo momento en “El Puente”, junto a la mística, sencillez y pureza del santo de la “Nada”.
 


San Juan de la Cruz por Paco Tico


Señor hazme manso y humilde de corazón,
enséñame a no reclamar nada,
que no me queje de las cosas,
que diga siempre nosotros
para no decir “yo” ni “mío”,
que mi silencio sea la negación
de la apariencia de mi ser.